~ Artist Statement ~
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La pintura es mi forma de expresión, de comunicar mi visión del mundo y de la vida.
No es un hobby, es algo fundamental, visceral, lo que el poeta Rilke llamaba “una necesidad”.
Es también un modo de vencer al tiempo y a la muerte, una forma de perpetuar mis sueños.
Amo diversos estilos de pintura: los surrealistas como René Magritte (estéticamente sublime) o Marc Chagall (pura poesía).
De los argentinos, mi admiración por Antonio Berni, con la sensibilidad de sus rostros y sus maravillosos collages, lo convierte en uno de mis referentes.
También me llega cierta pintura abstracta, por ejemplo los “salpicados” de Jackson Pollock me conmueven, y en su aparente hermetismo encuentro un lenguaje altamente poético para mi alma..
Me gusta el detalle, las texturas, la materia, los ensambles, las ideas, las pinturas que se convierten en poesía.
En cuanto a mi propia pequeña historia dentro de la pintura:
Pinto desde que era una niña. Mi mejor regalo era una caja de pinturitas de colores o unas témperas, que casi siempre provenían de la librería de mis tíos, lugar repleto de maravillas, algunas indescifrables para mí en ese entonces.
Me gustaba sobre todo hacer caras, rostros femeninos de distintas edades y jugar con mi hermana a ponerles nombre (ésta tiene cara de Vilma, cara de Susana, cara de Olga…) También hacía collages.
De esa época aún escolar, recuerdo haber ido un tiempo al taller que tenía una monja del colegio, en horario fuera de clases. Nos enfrentábamos bastante, ya que ella quería “meterse” en mis trabajos, lo que a mí, a los diez o doce años ya me resultaba inaceptable. Sin embargo, recuerdo con afecto que ella fue la primera que me habló de la “texturas”, que se podían encontrar por todos lados.
A los veinte años concurrí a un taller donde aprendí más seriamente el uso de distintos materiales, diversas escuelas de pintura, modelo vivo, etc... Allí comprobé que mis “intuiciones” se hacían realidad. Cuando Platón habla del conocimiento como “reminiscencia”, como un recuerdo del mundo de las ideas, eso exactamente me pasaba a mí.
Me hablaban en un lenguaje familiar, ya conocido en una vida previa o anterior: “mi propio lenguaje”.
Paralelamente, en la facultad de Letras (mi segunda pasión) tuve clases de Historia del Arte, Estética, Filosofía, más las lecturas de gran parte de las literaturas universales abrieron mi cabeza a un mundo mágico y maravilloso.
Durante algunos años trabajé en forma independiente para iniciar mi primer hogar propio, realicé estampados textiles, pinté ropa, muebles y objetos. También trabajé en talleres de arte con niños y adultos. Todas fueron experiencias enriquecedoras, como algunos cursos que tomaba cada tanto: fotografía, aerografía, papel maché, etc. Todo me fue generando un oficio.
Recién me animé a exponer en los años ’90, después de mis treinta años y ya con mi pequeño hijo.
Cuando comencé a mostrar mis pinturas, los primeros temas que me inspiraron fueron la familia, el mundo de mis abuelos: éste mundo no debía desaparecer, debía ser eternizado en mis obras. Sentía que debía rendir un tributo a mis queridos abuelos maternos, artesanos innatos, él carpintero, ella camisera y modista. Sus habilidosas manos que todo lo enmendaban y lo hacían florecer, fueron heredadas por mi madre, que arreglaba con la misma dedicación un centro floral de mesa, el disfraz de un nieto, mi tocado de novia. Todas esas manos, precursoras de artista, se unen hoy en mis manos, intentando transmitir belleza, orden, fantasía, armonía.
De mi familia materna (Grisolía) heredo la sensibilidad artística.
De los Bello llevo la fuerte personalidad.
Más adelante, volqué mi atención al mundo que me rodeaba, mi país, sus costumbres y en ese contexto tuvo protagonismo el tema del Tango. Me obsesionó el tema de Gardel como mito. Imaginé los sueños de muchas de sus eternas admiradoras. Esas etéreas mujeres, carita de porcelana, que en algunos casos murieron por su amor, también tuvieron su homenaje en mi pintura .Es una serie de gran sensualidad y nostalgia. Toda esa etapa duró aproximadamente diez años, con obras detallistas y descriptivas.
A partir del año 2000 comencé a transitar otra etapa de mi vida y de mi obra.
Varios sucesos difíciles que tuve que atravesar en ese momento, la pérdida de algunos seres queridos y una absoluta sensación de fragilidad e incertidumbre marcaron necesariamente mi “mundo perfecto” y me colocaron en una fase diferente.
Fui dejando atrás la descripción minuciosa del pasado y de un mundo ordenado, abriéndome a lo fantasioso e imaginario.
En
esta etapa he trabajado en dos series: "Los equilibristas" y “Retazos
de infancia”. En estas series hay ante todo una búsqueda.
Intento expresar una mayor libertad y cierta ambigüedad en las imágenes.
Experimento el placer de lo lúdico y lo mágico. He dado vida a comodines que
escapan de su naipe en busca de diversión. Les he permitido hacer sus
travesuras. Así también con personajes de circo, equilibristas, mascaritas o
arlequines, que sin dejar de añorar el pasado, lo que buscan es una noche de
fantasía, aunque sus vidas pendan de un hilo.
“Los equilibristas” también tuvieron sus etapas: una primera etapa onírica, poética , que transporta al mundo de la magia y los sueños, donde lo real y lo irreal se funden, se confunden...
Luego surgió la serie del “Argentino equilibrista”, motivada por los vaivenes de nuestro querido país.
Más adelante, la idea se generalizó más aún y llegó al “business man”, un ejecutivo común, un hombrecito del siglo XXI, perdido en zonas abstractas, atravesando ciudades vacías , buscando equilibrio y respuestas en un mundo inhóspito e indiferente, nuestro mundo.
Siento que aún tengo muchas cosas por decir, otros lenguajes que experimentar, mi juego debe continuar.
Envidio a esos viejos “duendes” de largas vidas como Picasso o Miró que han creado durante tantos años todo lo que han querido y se les ha ocurrido. ¡Qué maravilla de libertad! Han experimentado hasta el placer de rodar por la tela impregnados de color! Quién pudiera!!!! Ojala yo tenga el coraje de atreverme aunque sea un tanto…